Ahora sí, se terminó. Las despedidas son esos dolores dulces. Nos dimos la última función que tanto vos como nosotros merecíamos. No estamos acostumbrados a despedir ídolos, es cierto. Por eso mismo fue tan especial. Teníamos que aplaudirte, mimarte, abrazarte. Porque vos, Diego Alberto Milito, sos el máximo ídolo de Racing de los últimos 30 años. Qué menos?
Poco importa el partido, los goles, la exigencia de los rivales. Todo era una excusa y lo sabíamos. La idea era acariciarle el alma (una vez más) al tipo que nos cambió la cabeza. Y viceversa. Ya no somos el mismo club. Y todo gracias vos. A vos y sólo a vos.
Te vi por primera vez allá por 1999, cuando debutabas con ese andar elegante, gambeta corta indescifrable y cierta falta de gol. Prometías, aunque en Racing sabemos de promesas frustradas. Obviamente no sabíamos todo lo que vendría, no éramos conscientes, no calculábamos semejante historia de amor.
Ese joven estético, elegante, siempre erguido parecía que nunca transpiraba. Todo lo hacía sin perder la clase. Incluso en las divididas salía sin roce alguno, evitaba el choque aún cuando era fisiológicamente imposible. El tipo iba en carrera a toda velocidad y al llegar al área, donde todos se apuran y se la sacan de encima, él se tomaba un segundo más y ¡Tuc!, enganchaba haciendo pasar de largo a todos: rivales, compañeros, nuestra mirada en la tribuna. A todos!
Los años en Europa te volvieron un jugador más completo. A esa habilidad innata le agregaste gol, panorama, toque de primera. Te volviste más cerebral. Todos festejamos como propia esa Champions 2010, cuando bailaste a un Barcelona repleto de figuras y en la final la rompiste toda, la dejaste chiquita ante el Bayern. El mundo se rendía a tus pies. Y sabíamos que eras nuestro, que pronto volverías. Siempre dijiste que querías volver, que querías terminar tu carrera acá, con nosotros, con la gente que te vio nacer. Incluso cuando mirabas a todo el mundo futbolístico desde arriba siempre lo dijiste.
Tenías más para perder que para ganar en ese mágico 2014. Racing atravesaba un momento complicado, vos ya no eras el joven encarador y picante del 2001. Pero los dioses no saben de medias tintas. Un partido te alcanzó para despejar dudas. Inteligente, pícaro, letal frente al arco. "Diego está intacto" le dije a un amigo ese día. Y vaya si lo estabas. Pieza fundamental de aquella patriada. La gloria volvía a Avellaneda de tu mano.
Afuera, cuando las cosas se complicaron saliste a dar la cara. Siempre. Porque los ídolos también son eso: un tipo que sale a decir "vengan de a uno que hay espalda" porque el equipo lo necesita.
No se por qué estoy escribiendo en primera persona, nunca vas a leer ésto. Pero te siento un igual, un hincha más como yo, por eso me tomo esta licencia. Tampoco se por qué te despedimos, si sos como el tango de Troilo: alguien dijo una vez que te fuiste del barrio. Cuándo? Pero cuándo? Si siempre estás llegando...
Gracias Diego!
No se por qué estoy escribiendo en primera persona, nunca vas a leer ésto. Pero te siento un igual, un hincha más como yo, por eso me tomo esta licencia. Tampoco se por qué te despedimos, si sos como el tango de Troilo: alguien dijo una vez que te fuiste del barrio. Cuándo? Pero cuándo? Si siempre estás llegando...
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