Crónicas escritas desde el Cilindro mágico de Avellaneda. Más precisamente desde la popular local, detrás del arco donde le vi hacer un gol con el pecho a un tal Diego Milito, otro en contra a Ramiro Funes Mori que valió un campeonato y atajar un penal a Agustín Pelletieri
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martes, 4 de octubre de 2016

Lisandro, un líder diferente

Llegó casi sin flashes, entre ciertas dudas que sus últimas lesiones sembraban y con ese perfil bajo que siempre lo caracterizó. La vara estaba muy alta: el Racing que encontró no era el que había dejado. Ordenado institucionalmente, con un título reciente bajo el brazo, protagonista en cada torneo, con un plantel competitivo... en definitiva, con una mentalidad diferente.

A su vez, la sombra gigante de Diego Milito arrojando sus últimos destellos, dejando el camino para una ineludible sucesión en el liderazgo del equipo. Lisandro López nunca chapeó, las cosas se fueron dando de manera natural. Y tal vez no tenga las mismas características que Milito afuera, no todos la tienen. Sí está claro que adentro deja la vida en cada pelota, se pelea con el árbitro, con los rivales, hasta con los compañeros cuando algo no sale. Eso también es liderazgo.

Las dudas cuando los jugadores vuelven del exterior en el ocaso (?) de su carrera siempre están. Licha se encargó de disiparlas enseguida. No sólo por las ganas de siempre, sino por rendimientos altísimos. Ya no es el jugador explosivo y veloz que se fue, el paso del tiempo lo volvió más pensante, táctico, asistidor. El partido de vuelta en Brasil con Mineiro y el clásico en cancha de ellos, donde apagó bengalas prematuras con una chilena de antología, son sólo un par de ejemplos.

El partido del sábado ante Patronato lo volvió a encontrar como amo y señor del equipo. Se cargó todo al hombro luego de un primer tiempo en el que las cosas no salían hasta abrir el trámite (?) con una tijera soñada. Y lejos de ponerse en el lugar estelar, no dejó de señalar en el festejo a Bou (que necesita mimos, muchos) por su gran asistencia. Gestos de un gigante.

López encarna otro tipo de referente: silencioso hacia afuera, con poca prensa, pero fundamental para este grupo respaldado además por un presente futbolístico tremendo. El festejo ya característico de llevarse el dedo índice a la sien puede interpretarse como un símbolo de locura. También puede leerse como un "pensemos, siempre". O ambos, como la locura pensante de un tipo que tiene todo para quedar en la historia grande de Racing.