Crónicas escritas desde el Cilindro mágico de Avellaneda. Más precisamente desde la popular local, detrás del arco donde le vi hacer un gol con el pecho a un tal Diego Milito, otro en contra a Ramiro Funes Mori que valió un campeonato y atajar un penal a Agustín Pelletieri

jueves, 20 de octubre de 2016

No culpes a la lluvia...

Arrancamos dormidos, otra vez. Parece que últimamente necesitamos que el partido nos pegue una patada en el orto un cachetazo y recién ahí reaccionamos. Ayer regalamos 65 minutos, en el que vimos como Orión salvó al menos 3 claras. Demasiadas ventajas para un partido a-todo-o-nada.

La cancha era un desastre, está claro. Pero dentro de ese desastre, Gimnasia fue el que mejor se adaptó y entendió cómo había que jugarlo: poco traslado, transición rápida, bochazos largos buscando el error rival, especial atención a la segunda jugada, no complicarse por salir jugando... Así llegó el gol: pelota parada al corazón (?) del área, floja respuesta de la defensa y el arquero y a cobrar.

A partir de ahí fue todo nuestro. Como que de repente la cancha se hubiera convertido en una mesa de billar (?), pudimos generar juego. La tuvimos siempre. Pero tenerla siempre no garantiza jugar bien. La desesperación a medida que pasan los minutos y el empate no llega lleva a decidir mal. La arremetida del final y catarata de centros a-lo-que-salga acrecentaron la figura de un arquero que sacó todas y dibujó el espejismo de haber merecido más, cuando en realidad se trató más de un ir por inercia que de situaciones de gol a partir del juego elaborado. 

La defensa no para a nadie sigue dando muchas ventajas, el medio - aunque anduvo un poco mejor el doble 5 - no termina de tener presencia, Romero, Acuña y Bou levantaron mucho en el segundo. Si hubiéramos madrugado (?) un poco el partido... Y los cambios, ese aluvión (?) de delanteros para intentar la heroica suena tanto al Viejo Racing.

Con esta eliminación por Copa Argentina Racing se queda además sin Copa Libertadores el año que viene. Jugará directamente la Copa Sudaremicana en lo que será el objetivo internacional del año seguramente. Ya habrá tiempo para pensar en eso. Por lo pronto, el equipo del ruso Zielinski tiene en el debe la generación de juego, ser protagonista siempre, imponer presencia, adaptarse a lo que pide el partido. El torneo es largo y estamos en carrera. A reinventarse...

martes, 4 de octubre de 2016

Lisandro, un líder diferente

Llegó casi sin flashes, entre ciertas dudas que sus últimas lesiones sembraban y con ese perfil bajo que siempre lo caracterizó. La vara estaba muy alta: el Racing que encontró no era el que había dejado. Ordenado institucionalmente, con un título reciente bajo el brazo, protagonista en cada torneo, con un plantel competitivo... en definitiva, con una mentalidad diferente.

A su vez, la sombra gigante de Diego Milito arrojando sus últimos destellos, dejando el camino para una ineludible sucesión en el liderazgo del equipo. Lisandro López nunca chapeó, las cosas se fueron dando de manera natural. Y tal vez no tenga las mismas características que Milito afuera, no todos la tienen. Sí está claro que adentro deja la vida en cada pelota, se pelea con el árbitro, con los rivales, hasta con los compañeros cuando algo no sale. Eso también es liderazgo.

Las dudas cuando los jugadores vuelven del exterior en el ocaso (?) de su carrera siempre están. Licha se encargó de disiparlas enseguida. No sólo por las ganas de siempre, sino por rendimientos altísimos. Ya no es el jugador explosivo y veloz que se fue, el paso del tiempo lo volvió más pensante, táctico, asistidor. El partido de vuelta en Brasil con Mineiro y el clásico en cancha de ellos, donde apagó bengalas prematuras con una chilena de antología, son sólo un par de ejemplos.

El partido del sábado ante Patronato lo volvió a encontrar como amo y señor del equipo. Se cargó todo al hombro luego de un primer tiempo en el que las cosas no salían hasta abrir el trámite (?) con una tijera soñada. Y lejos de ponerse en el lugar estelar, no dejó de señalar en el festejo a Bou (que necesita mimos, muchos) por su gran asistencia. Gestos de un gigante.

López encarna otro tipo de referente: silencioso hacia afuera, con poca prensa, pero fundamental para este grupo respaldado además por un presente futbolístico tremendo. El festejo ya característico de llevarse el dedo índice a la sien puede interpretarse como un símbolo de locura. También puede leerse como un "pensemos, siempre". O ambos, como la locura pensante de un tipo que tiene todo para quedar en la historia grande de Racing.