A menos de una semana de la despedida de Diego Milito Racing volvió a vestirse de barco sin timón como antaño. La continuidad o no de Sava, envuelta en una maraña (?) interminable de especulaciones y potenciales sucesores fue sin dudas lo más desprolijo de estos últimos tiempos. Volvimos a ese estado de incertidumbre que creíamos superado.
La dirigencia, con Víctor Blanco a la cabeza, tuvo poco tacto (por ser sutil). Facundo Sava siempre se manejó con respeto: tipo medido en sus declaraciones, coherente en sus pedidos y ubicado como cabeza de grupo. Adentro de la cancha discutimos lo que quieran, afuera un señor. No se merecía este destrato. Y eso que considero que Blanco es el mejor Presidente de Racing de los últimos 30 años. Pero en ésta pifió...
En el medio, todo un ejército de soretes periodistas mercenarios e hinchas histéricos postulando técnicos y haciendo lobby ante una salida nunca confirmada. El viejo y conocido y-ahora-quien-agarra. Todo ésto mientras el DT todavía en funciones observaba con sólo 4 meses de trabajo. Una verdadera locura.
El semestre de Racing no fue lo que esperábamos, es cierto. La temprana eliminación en la copa y el flojo andar en el campeonato, teniendo el mejor plantel en décadas, lo califican de malo para abajo. Pero también es cierto que la doble competencia y tres partidos por semana dejan poco tiempo para el trabajo y hacen que lo urgente le gane la pulseada a lo importante.
Racing atraviesa una etapa de tranquilidad institucional y deportiva inédita. El tan mentado cambio de mentalidad debe mantenerse a rajatabla. Está claro que es el momento de ir por más y ganar cosas. El mejor camino para ésto es el proyecto a mediano y largo plazo. No nos corre nadie...
Se viene un semestre intenso: Superliga (?) y Copa Argentina son los objetivos. Ambos. Sin los dos máximos referentes contemporáneos, Racing debe mantener la base e incorporar refuerzos de jerarquía a un plantel que ya la tiene. Y dejar laburar, tan simple y tan ajeno a nuestro lenguaje como eso...





