Crónicas escritas desde el Cilindro mágico de Avellaneda. Más precisamente desde la popular local, detrás del arco donde le vi hacer un gol con el pecho a un tal Diego Milito, otro en contra a Ramiro Funes Mori que valió un campeonato y atajar un penal a Agustín Pelletieri

sábado, 28 de mayo de 2016

Sava no se va

A menos de una semana de la despedida de Diego Milito Racing volvió a vestirse de barco sin timón como antaño. La continuidad o no de Sava, envuelta en una maraña (?) interminable de especulaciones y potenciales sucesores fue sin dudas lo más desprolijo de estos últimos tiempos. Volvimos a ese estado de incertidumbre que creíamos superado.

La dirigencia, con Víctor Blanco a la cabeza, tuvo poco tacto (por ser sutil). Facundo Sava siempre se manejó con respeto: tipo medido en sus declaraciones, coherente en sus pedidos y ubicado como cabeza de grupo. Adentro de la cancha discutimos lo que quieran, afuera un señor. No se merecía este destrato. Y eso que considero que Blanco es el mejor Presidente de Racing de los últimos 30 años. Pero en ésta pifió...

En el medio, todo un ejército de soretes periodistas mercenarios e hinchas histéricos postulando técnicos y haciendo lobby ante una salida nunca confirmada. El viejo y conocido y-ahora-quien-agarra. Todo ésto mientras el DT todavía en funciones observaba con sólo 4 meses de trabajo. Una verdadera locura.

El semestre de Racing no fue lo que esperábamos, es cierto. La temprana eliminación en la copa y el flojo andar en el campeonato, teniendo el mejor plantel en décadas, lo califican de malo para abajo. Pero también es cierto que la doble competencia y tres partidos por semana dejan poco tiempo para el trabajo y hacen que lo urgente le gane la pulseada a lo importante.

Racing atraviesa una etapa de tranquilidad institucional y deportiva inédita. El tan mentado cambio de mentalidad debe mantenerse a rajatabla. Está claro que es el momento de ir por más y ganar cosas. El mejor camino para ésto es el proyecto a mediano y largo plazo. No nos corre nadie...

Se viene un semestre intenso: Superliga (?) y Copa Argentina son los objetivos. Ambos. Sin los dos máximos referentes contemporáneos, Racing debe mantener la base e incorporar refuerzos de jerarquía a un plantel que ya la tiene. Y dejar laburar, tan simple y tan ajeno a nuestro lenguaje como eso...

jueves, 19 de mayo de 2016

Cuando un Milito se va...

Es difícil entender y más aún aceptar que ya está, que ésto fue todo, que no lo vamos a ver más. Resulta angustiante procesar la idea y ver que no podemos hacer nada. Todos sabíamos que este momento llegaría, que el cuerpo diría basta algún día. Lo que veíamos lejano ocupados en el día a día de un presente lleno de cosas lindas y objetivos grandes, finalmente llegó. Y no nos queda otra que comprender la decisión, soltar alguna lágrima y agradecer... sobre todo agradecer.

El Sábado Diego Alberto Milito jugará su último partido como profesional en el Cilindro de Avellaneda, su casa. Y toda esta mezcla de sensaciones - angustia y gratitud, dolor y orgullo, tristeza y admiración, etc. - tienen que ver con que estamos despidiendo al símbolo más grande de Racing de los últimos 30 años. Milito nos devolvió eso: la posibilidad de tener un ídolo pleno, sin matices, como hacía décadas no nos pasaba.

Tenía más para perder que para ganar en su vuelta a Racing. Venía de ser ídolo indiscutido en el Inter de Italia, ganando todo en el viejo continente y tenía ofertas millonarias de varios clubes de Europa. Mientras tanto acá, en el culo del mundo Argentina, Racing atravesaba un momento futbolístico penoso: años sin ganar ni pelear nada, un equipo que miraba más la tabla de abajo que la de arriba, desfile de técnicos y plantel vapuleado mediante. Y al tipo no le importó nada, jamás puso condiciones y volvió al club de sus amores en busca de más de gloria. Un enfermo!

Milito llegó a ese Racing opaco en 2014 y enseguida le cambió la cara. Se convirtió en líder indiscutido en un plantel con personalidades fuertes y en lugar de sacar a relucir la chapa que la trayectoria sin dudas le daba, se puso al hombro el mundo Racing con un perfil bajo inédito tanto dentro de la cancha como en sus declaraciones afuera. Nunca una palabra de más, nunca una declaración negativa sobre algún compañero, nunca una polémica. Siempre positivo. Salió a dar la cara cada vez que fue necesario, como todo referente. Incluso se bancó, ya en el último año, ser suplente en muchos partidos sin decir una palabra. Todo el tiempo entendió como nadie que Racing está por encima de los nombres, también de su nombre (aunque sea gigante)

En lo estrictamente deportivo (?) nos devolvió la posibilidad de ser campeón siendo una figura indiscutida y la posibilidad de jugar la Copa Libertadores por dos años consecutivos. Pero su legado va más allá: le cambió la mentalidad al hincha de Racing, nos hizo creer que podemos ser protagonistas de todo lo que jugamos, que tenemos que discutir con los de arriba siempre, que Racing es inmenso y en este camino los títulos llegarán sólos.

El tan mentado sentido de pertenencia encuentra en Diego Milito su síntesis más acabada. Un tipo que volvió a su primer amor no sólo por el hecho de volver a retirarse, sino para aportarle desde su jerarquía y transparencia al equipo para seguir creciendo. Y vaya si lo hizo. Potenció jugadores que buceaban en la mediocridad (?) y volvió competitivo un plantel que no le ganaba a nadie de modesto para abajo.

Más allá del reconocimiento a todo lo hecho y la angustia lógica que toda despedida conlleva, prefiero pensar a Diego Milito como ejemplo para lo que viene. Seguramente seguirá ligado al club desde el lugar que él elija, lo que no debemos dejar ir es su legado, sino construir desde ahí. Nos deja un capital gigante, no tenemos que desperdiciarlo.





sábado, 14 de mayo de 2016

Proyectos

Aburrido, displicente, opaco... y siguen los adjetivos que le caben al Racing de ayer frente a Defensa y Justicia. Ok, no jugamos por nada. Estos últimos dos partidos sirven solamente para que le contemos a Diego Alberto (una vez más) todo lo que lo queremos. Pero así y todo lo de ayer es preocupante de cara a lo que viene.

Este Racing del Colo pasó del vértigo y la falta de equilibrio del palo por palo que ponía a prueba nuestra resistencia cardíaca al equipo corto, estabilizado y más cerebral de los últimos partidos de copa. Lo de ayer, sin embargo, fue un equipo en modo meseta, la nada misma, un a-ver-que-pasa de 90 minutos.

Sigue sin entenderse lo de Noir adentro, Romero afuera. También pide más minutos Pereyra. Tampoco se entiende la demora en los cambios. O un planteo tan tibio contra un rival flojo. Todas estas cosas tiene en el debe Sava.

Ahora bien, es la solución despedir un técnico con 4 meses de laburo como quieren muchos? Y... no. La decepción copera fue grande y este Racing tiene más altibajos que un depresivo (?), pero volver al desfile de técnicos de ayer nomás no sería una salida lógica. Ese Racing de otras épocas que hace dos años ni asoma la nariz por Avellaneda, es algo que no nos debe tentar. Y la contracara de eso es el famoso proyecto: dejar laburar al técnico elegido.

No se trata de no exigir. Racing tiene uno de los mejores planteles de Argentina y se acostumbró a ser protagonista de todo lo que juega. Lo que no podemos hacer es pedir locuras. Y echar a un técnico con 4 meses de laburo es una locura.

Porque en el cambio de figuritas cada seis meses inevitablemente se pierde (más allá del factor económico de tener que pagarle el contrato a cada técnico echado). Si hubiera sido por algunos (los mismos de siempre) a Cocca le metían un voleo en el orto lo echaban en la sexta fecha. Dejemos laburar, estamos en un momento deportivo e institucional de tranquilidad. Arovechemos para seguir en el camino del cambio de este Racing (positivo). Aprendamos de Milito, tiremos todos para adelante, banquemos, disfrutemos...

jueves, 5 de mayo de 2016

De pie, como nos acostumbraron

Siempre es difícil contextualizar una derrota, más aún cuando había depositadas muchas ilusiones. La Copa Libertadores es injusta a veces, te deja con las manos vacías a pesar de haber hecho dos partidazos en una serie. Por eso mismo también es tan seductora. Uno de los dos tiene que pasar, 180 minutos mediante, en los que un error te deja mirando todo desde afuera. La gloria o Devoto, ni más ni menos.

Pero en este punto, siempre es necesario contextualizar la derrota. Te lo digo yo, que durante mi adolescencia en los 90 me tuve que bancar gastadas desde todos los wines (?) porque hacía treinta y pico de años que no salía campeón. Yo que en esa época vi desfilar planteles mitad-de-tabla que te dejaban sin nada en las quinta fecha y Presidentes hijos de un camión cargado de putas que se choreaban hasta lo que no había. Yo que terminando esa década tuve que escuchar a una vieja chiflada que decía que Racing Club Asociación Civil había dejado de existir. Te lo digo yo que me tuve que fumar que mi club fuera gerenciado como una empresa.

Ya en los 2000 (?) tuve que ver como Racing perdía un clásico tras otro alargando una diferencia que nunca fue tal. Yo tuve que contemplar cómo la ilusión del campeonato del 2001 duraba menos que un hielo en una copa en una noche de Diciembre. Te lo digo yo que me tuve bancar la angustia de ir a pelear una promoción con matungos como Cáceres, Ávalos, Franco Sosa y Caballero. Y tuve que ver cómo, tras el blooper de Martínez Gullota y Cáceres, Bustos se enredaba todo mientras la pelota desfilaba mansa hacia el arco jugando con la resistencia de nuestros órganos vitales, escapando a centímetros del palo.

Te lo digo yo que me tocó contemplar a mi estadio ovacionando al payaso Lugüercio porque la carencia de ídolos era gigantesca. Yo tuve que ver cómo los pibes se iban jóvenes y no querían volver. Y cómo más de un crack, al que Racing le dio la primera oportunidad, se iba a otros clubes para pelear campeonatos. Me banqué no jugar la Copa Libertadores por 12 años también. Y masticar bronca a la salida del Cilindro porque nos empataban o ganaban partidos imposibles. 

Hace dos años que Racing no me deja volver a ninguno de estos padecimientos. Porque tengo un club saneado económicamente y con una dirigencia seria. Porque voy tranquilo a la cancha sabiendo que el se quiera llevar algo, nos tiene que meter tres tiros en el piso antes. Porque salí campeón y volví a jugar la Libertadores (por dos años seguidos). Porque mi equipo es protagonista en todos los torneos que juega. Porque los ídolos y referentes de antaño se desesperan por volver a este Racing.

Todo éste resurgir que ya lleva dos años tiene un principal responsable: Diego Alberto Milito. Él le cambió la cabeza al hincha de Racing. Él nos hizo creer que otro Racing es posible. Él volvió a poner a Racing en los lugares de discusión. Él supo reunir y contagiar de positivismo a otros tipos (igual de positivos) como Aued, Grimi, Saja, Videla, Bou, Licha y siguen las firmas. 

Ahora sí está contextualizada la derrota. Ayer me tocó ver a un Racing que se plantó en Brasil, una quimera hace dos añitos atrás. Vi un equipo protagonista que salió a decir "acá estoy yo", sin importarle un carajo el marco imponente, un rival con figuras europeas, ni el empate en la ida. Disfruté de un Racing que dejó todo y cayó de pie. Un equipo que vendió carísima la derrota, que mereció más sin dudas y que transmitió un orgullo ineludible.

Para todos los que salen a hacer leña del árbol caído, que en el mundo Racing hay muchos, periodistas e hinchas, que intentan desestabilizar ante el menor traspié, acá está un resumen de lo que me tocó ver y lo que me toca ahora. Construir desde acá, de eso se trata, y los éxitos llegarán por decantación. Cómo no ponerle una fichita a este plantel que nos cambió la cabeza en sólo dos años? Explicámelo (?)