No la tenía para nada fácil Lautaro Martínez: reemplazar a Lisandro López, símbolo indiscutible de este Racing, en un equipo que venía de un año de pobre para abajo, recambio de Técnicos mediante. No era el escenario ideal para que un pibe de 19 años comience a dar sus primeros pasos en Primera. La llegada de Diego Cocca dio un giro de 360º a la historia: pidió expresamente que no lo vendieran, que iba a tener lugar.
Le vino bien el rodaje en el Sub 20, donde sus goles le terminaron dando a la Argentina el pase agónico al Mundial. Goleador y figura, ya se veían ciertas características que los que lo veíamos en Reserva y los pocos minutos que tenía en Primera ya notábamos: rápido, potente, vivo para moverse.
Este 2017 lo encuentra ya como una realidad. Determinante en esa dupla letal que conforma con Gustavo Bou en esta seguidilla de triunfos de la academia. Además de goleador, y sin miedo a exagerar, Lautaro tiene movimientos de crack: se genera sus propios espacios, maneja ambos perfiles, aguanta de espaldas al arco, asiste. Es raro ver un pibe con menos de un campeonato en Primera tan aplomado y dejando en ridículo a defensores rivales tan seguido.
Pero Lautaro es un distinto afuera de la cancha también. Le pidió a su representante tener un nutricionista, no toma gaseosa ni consume grasas. Quienes lo tuvieron en inferiores cuentan que cuida el físico hasta en el más mínimo detalle. Tampoco lo desbordan los flashes, antes que irse a Europa prefiere ganar la Libertadores con Racing, dice.
Empiezan a llegar las ofertas millonarias del viejo continente por este bahiense que recién empezamos a disfrutar. Y llegarán muchas más si sigue así. Ojalá se le cumpla el sueño de ganar la copa acá, después se verá, parece no tener techo...
