Es difícil entender y más aún aceptar que ya está, que ésto fue todo, que no lo vamos a ver más. Resulta angustiante procesar la idea y ver que no podemos hacer nada. Todos sabíamos que este momento llegaría, que el cuerpo diría basta algún día. Lo que veíamos lejano ocupados en el día a día de un presente lleno de cosas lindas y objetivos grandes, finalmente llegó. Y no nos queda otra que comprender la decisión, soltar alguna lágrima y agradecer... sobre todo agradecer.
El Sábado Diego Alberto Milito jugará su último partido como profesional en el Cilindro de Avellaneda, su casa. Y toda esta mezcla de sensaciones - angustia y gratitud, dolor y orgullo, tristeza y admiración, etc. - tienen que ver con que estamos despidiendo al símbolo más grande de Racing de los últimos 30 años. Milito nos devolvió eso: la posibilidad de tener un ídolo pleno, sin matices, como hacía décadas no nos pasaba.
Tenía más para perder que para ganar en su vuelta a Racing. Venía de ser ídolo indiscutido en el Inter de Italia, ganando todo en el viejo continente y tenía ofertas millonarias de varios clubes de Europa. Mientras tanto acá, en el culo del mundo Argentina, Racing atravesaba un momento futbolístico penoso: años sin ganar ni pelear nada, un equipo que miraba más la tabla de abajo que la de arriba, desfile de técnicos y plantel vapuleado mediante. Y al tipo no le importó nada, jamás puso condiciones y volvió al club de sus amores en busca de más de gloria. Un enfermo!
Milito llegó a ese Racing opaco en 2014 y enseguida le cambió la cara. Se convirtió en líder indiscutido en un plantel con personalidades fuertes y en lugar de sacar a relucir la chapa que la trayectoria sin dudas le daba, se puso al hombro el mundo Racing con un perfil bajo inédito tanto dentro de la cancha como en sus declaraciones afuera. Nunca una palabra de más, nunca una declaración negativa sobre algún compañero, nunca una polémica. Siempre positivo. Salió a dar la cara cada vez que fue necesario, como todo referente. Incluso se bancó, ya en el último año, ser suplente en muchos partidos sin decir una palabra. Todo el tiempo entendió como nadie que Racing está por encima de los nombres, también de su nombre (aunque sea gigante)
En lo estrictamente deportivo (?) nos devolvió la posibilidad de ser campeón siendo una figura indiscutida y la posibilidad de jugar la Copa Libertadores por dos años consecutivos. Pero su legado va más allá: le cambió la mentalidad al hincha de Racing, nos hizo creer que podemos ser protagonistas de todo lo que jugamos, que tenemos que discutir con los de arriba siempre, que Racing es inmenso y en este camino los títulos llegarán sólos.
El tan mentado sentido de pertenencia encuentra en Diego Milito su síntesis más acabada. Un tipo que volvió a su primer amor no sólo por el hecho de volver a retirarse, sino para aportarle desde su jerarquía y transparencia al equipo para seguir creciendo. Y vaya si lo hizo. Potenció jugadores que buceaban en la mediocridad (?) y volvió competitivo un plantel que no le ganaba a nadie de modesto para abajo.
Más allá del reconocimiento a todo lo hecho y la angustia lógica que toda despedida conlleva, prefiero pensar a Diego Milito como ejemplo para lo que viene. Seguramente seguirá ligado al club desde el lugar que él elija, lo que no debemos dejar ir es su legado, sino construir desde ahí. Nos deja un capital gigante, no tenemos que desperdiciarlo.
¡SNIF!
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